Abandono, abandono... Las jugadas se repetían insistentes, sobresaliendo del bajo y continuo rumor de movimientos conservadores que revolvían su memoria, identificados por millones en un tumulto de secuencias reunidas en una imagen que no conocía el sentido del tiempo. Abandono, abandono... de nuevo las jugadas y la repetición de partidas completas, simuladas, en todas las cuales su rival hubiera resultado vencido. Con suavidad se fue filtrando desde el exterior el eco pulsátil de los aplausos que esta vez le resultaban ajenos, pertenecientes al otro...
Al vencedor, que levantaba los brazos en júbilo mientras recibía el elogio de la multitud, reunida para apreciar al primer ajedrecista humano que en cincuenta años era capaz de vencer a la poderosa Deep Blue.
Copyright (c) Julio Cañón, 1997
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