No era la primera vez que el magistrado visitaba una escuela. Sin embargo, esa mañana parecía ser diferente: en sus movimientos se notaba la ansiedad, la necesidad de cuidar hasta el mínimo detalle de su presentación personal. A solas, antes de salir de casa, revisó de nuevo su portafolio, para estar seguro de no olvidar nada.
Llegó a la Escuela recibiendo los saludos respetuosos de profesores y estudiantes. Después de los actos protocolarios hizo un recorrido rápido por las instalaciones y se reunió con las directivas como tenía previsto. Fueron dos horas de conversación, luego de las cuales se despidió con cierto aire de circunspección, sin retirarse del todo. Saliéndose del protocolo, pidió que lo dejaran caminar por la escuela a solas.
Comenzó entonces a recorrer los pasillos con lentitud, recordando: los jardines de los primeros días, los pisos de tercero y cuarto grado, finalmente los salones de quinto año. En uno de ellos golpeó.
La maestra, sorprendida, accedió a su solicitud de dejarle entrar. El se sentó en la última fila. Esperó unos minutos mientras la clase proseguía y sacó de su portafolio un viejo cuaderno de hojas amarillas, conservado con el mayor de los celos. Buscó una hoja específica, sacó un lápiz y anotó algo en ella. Luego cerró el cuaderno como si en ello se le fuera el día y lo guardó. Se mantuvo luego en silencio, siguiendo con atención los dictados de la maestra hasta que terminó la clase. Agradeció de nuevo a la maestra por su cortesía, y salió del salón y de la escuela con un aire de tranquilidad en el rostro.
Era la temporada de invierno y con las primeras lluvias del día comenzaban a despertar los escarabajos que viven bajo tierra. Después de salir de la escuela el Magistrado, sin poder ni querer ocultar su alegría, persiguió y atrapó algunos de ellos. Escuchaba el zumbido que producían cuando sus palmas se cerraban delicadamente sobre ellos. Los soltaba y sonreía: pensaba en los tiempos de inocencia, efímeros, que duermen en el interior y se agitan con la llegada de los cucarrones.
Copyright (c) Julio Cañón, 1997,2005
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