Para: el_autor@patboba.com
Asunto: urgente intervención
C.C.: los lectores
Estimado señor Autor,
Hace ya varios capítulos que un grupo de personajes, inconformes con el rumbo que se le estaba dando a la historia, decidió invadirnos con sus propios medios, hoja por hoja, apoderándose de la palabra revolución. Después de eliminar muchos personajes, han tomado a otros como rehenes y amenazan con cambiar definitivamente el curso de los acontecimientos si no se accede a sus peticiones.
Aunque afirman que su voluntad de paz se mantiene firme, ya han reclutado a un grupo importante de palabras beligerantes que se han organizado en una historia diferente y han distorsionado capítulos anteriores, quemando algunos párrafos y emboscando a oraciones que trataban de huir desenfrenadas del holocausto.
Al principio parecía no afectar demasiado el grueso del volumen. Pero ya las hojas finales comienzan a llenarse de grupos de palabras, desplazadas por el terror que se ha apoderado completamente de las primeras hojas, donde el desconcierto lleva a letras hermanas a configurar palabras como crueldad, miedo o muerte.
Por otra parte, libros vecinos como la Enciclopedia Británica, el Diccionario Webster y el Fausto de Goethe, se han ofrecido para mediar en el asunto, pero a cambio quieren hojas en blanco para escribir episodios de su propia autoría.
No quisiera decirlo, pero creo que buena parte de la culpa es suya, por no haber sabido manejar la situación. Cuando creyó que para darle fuerza al argumento eran necesarias ciertas dosis extremas de palabras como violencia, resentimiento, esclavitud, corrupción o intolerancia, no cayó en cuenta que otras, siempre más débiles y delicadas como libertad, justicia, convivencia y progreso, simplemente no podían sostenerse y desaparecerían.
Ahora también el título, que usted concibiera en su momento para tratar de identificar algo que fuera común al deseo de todos sus personajes, se diluye entre tinta roja para dejar al descubierto el desconcierto y la desolación.
Quizás mi mensaje le pueda parecer un poco extremo, pero me siento en la obligación de escribirlo, ya que pronto seremos nosotros las víctimas. Si no se destruyen primero nuestras palabras disueltas en ríos de tinta, entonces serán aquellos diccionarios los que terminen por apropiarse de todo.
Este cuento necesita con urgencia una sabia definición, pero me temo que ninguno de nosotros, los personajes secundarios sobrevivientes, tiene en realidad una buena forma de hacerlo. Ya vienen por mí. Sólo espero que este mensaje llegue a tiempo a su destino.
Atentamente,
Anónimo de la página 1974
Copyright (c) Julio Cañón, 1999
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