El niño observaba cómo un hombre, ya viejo, punzaba la arcilla, marcándola rápido con diferentes símbolos: líneas rectas, medialunas, lunas completas. Intrigado, se le acercó y le preguntó qué hacía.
–Consigno hechos y cifras, cosas de las que en tu vida difícilmente te enterarás. Estos son asuntos de hombres, de hombres sabios... Ahora vete, mi tiempo es valioso y estorbas -. Entonces el niño se alejó, mirándo al anciano hasta perderlo de vista en una esquina.
El niño se fue pensando en lo interesante que sería poder consignar todo lo que pasaba a su alrededor y lo que ocurría dentro de su cabeza, siempre llena de pequeños pensamientos. Pero no podía, no era aún un hombre y menos aún un hombre sabio... qué poco valían sus historias...
Delante de él, zigzagueante, apareció una mariposa. Trató de capturarla pero escapó. Dispuesto a no perder otra oportunidad el mismo día, insistió con ambas manos, corriendo tras de ella. Sobre la arena iba dejando el relato entrecortado de sus pies que, en la persecución, dibujaban líneas rectas, medialunas y lunas completas.
Copyright (c) Julio Cañón, 1997
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