Y la cigarra fue despreciada.
Abandonada a su suerte, sin respaldo en algún hogar vecino, desfallece entumecida y hambrienta en un punto sin nombre, perdido en medio de la borrasca. Hace mucho que la fábula de su historia le impuso una cruel moraleja. Ahora cierra los ojos para acogerse a un sueño profundo en el que contemplará la belleza de la primavera, congelada para siempre en medio del invierno.
Sólo ella lo sabe: después de todo no ha vivido en vano.
Copyright (c) Julio Cañón, 1997
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