Sus pasos no coincidieron antes, ni lo harían después. Fue un momento de compañía lúcida, de reconocimiento perpetuo. Luego, cada uno se haría hombre a su manera. Sus vidas siempre habitarían universos distintos.
Soy metamorfosis: cascarón que se quiebra, alas al viento, frágil equilibrio en la cuerda.
Soy el consuelo en el hombro, el murmullo al oido, la caricia discreta.
Soy un paseo de tarde, cuando el sol se acuesta, un baño de agua fría, un mundo de preguntas en busca de respuestas.
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