Saturday, January 24, 2009

Desde la ventana

Ya no está y sin embargo ¿Cómo alterar su último desorden?, ¿Cómo apartar de mi lado la promesa de un regreso imposible?. Ahí siguen descansando sus tenis de deportista aficionado, uno sobre otro, como esperándolo para que los devuelva a la vida. Su cama sin tender, con la sábana aún cubierta de su olor. Los discos de colección aguardando en silencio, los libros de universidad dispersos y descuidados, cómo les tenía las puntas. Ahí están, ahí se quedarán, siempre abiertos, cada uno ahogando la angustia nocturna antes del parcial. Su ropa amontonada en un solo cajón ¡Que descuidado era!

Sí, aún tenías mucho por aprender. Pero por qué tenías que irte así, de esa manera. Las angustias de mi corazón jamás dejaron que salieras de casa sin previsiones, y cada vez que esa puerta cerraba tras de ti comenzaban mis preocupaciones, los pensamientos que decían: ¿Habrá cruzado bien las calles? ¿Se detendría a mirar algún tumulto que no le correspondía? ¿Quiénes son los amigos con los que anda? ¿Por qué aún no llega de clases?

Verlo aparecer cada tarde o cada noche era el júbilo de ganar todos los días mi batalla de veladoras y oraciones contra el infortunio. Él nunca comprendió por qué mi rostro se iluminaba cuando llegaba a casa, pero no lo culpo. Así somos todos cuando jóvenes y a mí me bastaba con saber que todo iba bien porque lo veía en sus ojos.

Esa tarde yo estaba haciendo el almuerzo, como de costumbre. Puse la radio a un volumen alto para escuchar entre los silbidos de la olla las noticias. “Un petardo de regular poder explosivo” había detonado cerca de las instalaciones de una entidad bancaria. “Un peatón muerto y varios heridos es el saldo del acto terrorista...”, y yo confiada te esperaba porque no podías ser tu, el mundo te deparaba grandes cosas, el mundo...tus tenis sin gastar.

Todos me dicen que te deje ir, que aferrarme a tu recuerdo me duele y te duele a ti también, que es tiempo de volver a mi vida de antes, como tu hubieras querido que fuera. Pero es un consuelo inútil, porque tú eras mi vida de antes, tú eres mi vida de ahora. Una madre nunca deja de serlo, es algo que ellos no pueden comprender.

Por la ventana siguen pasando mis horas, mirando sin mirar, esperando siempre la misma sombra que antes me obligaba a mantener encendida la luz del pasaje. A veces escucho a lo lejos las sirenas que llevan los afanes y urgencias de otros, pero ya nunca serán motivo de mi preocupación. Te has ido, y por esas crueles revelaciones de la injusticia, las piedras vuelven a ser piedras y mi amor se fatiga, llora y a veces incluso olvida por qué está llorando.

Copyright (c) Julio Cañón, 2001




No comments: