Monday, December 3, 2007

Teoria de la divinidad-123

El universo fue un capricho de Dios. El, que para satisfacer sus antojos tiene tiempo de sobra, gusta de fabricar estos universos desechables que empiezan con un desorden indescriptible y se van desenvolviendo hasta producir algo que capta su atención. Una vez producido el efecto deseado, a Dios ya ni le va ni le viene el universo: es como el envoltorio superfluo de un dulce ya degustado. Nadie dentro de este, nuestro universo, podrá saber jamás con certeza, cual fue su propósito último: si quería escuchar a Vivaldi tocando el violín, o escuchar el rugido de un motor a combustión interna o quizás simplemente disfrutar de un atardecer en un tiempo pasado, sin humanos. Quizás seamos afortunados y aún su espectáculo para este universo esté por pasar. Lo cierto es que una vez suceda, el universo en si y sus criaturas ya no le importaran. Si se despedazan en una colosal explosión o se reducen a un punto minúsculo del espacio ya lo tendrá sin cuidado. Nuestras vidas, por lo demás, seguirán en el envoltorio ya desechado como si todo lo existente tuviera sentido.

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