Monday, December 3, 2007

Teoría de la divinidad R-64

Algo fuera de lo común pasaba conmigo, difícil de explicar, como una insistente desesperación en mis manos y una aborrecible succión en la boca del estómago que me sugería con violencia que debía pintar. Cuando pintaba de niño, a veces sumido en un estado casi de transe, no podía entender por qué a la gente le causaba gran admiración e incluso veían en mi a un artista de dotes excepcionales, comparable a los grandes maestros de todos los tiempos. Sin embargo, para mi era claro que no era yo el que pintaba, sino El el que quería ser pintado. Por eso, en contravía de lo que pronosticaron tantos entendidos, rechacé lo que para mi era un destino impuesto. He luchado toda mi vida por mantenerme fiel a este propósito y ahora que cumplo ciento diez años, de vivir mediocremente, en el anonimato de trabajos sin memoria y sumido en la completa pobreza, mendigo y aguardo pacientemente a que El se de por vencido y no me obligue más a tomar el pincel y pintar lo que El quiere que sea mostrado al mundo. Esperando a que me deje morir tranquilo, sin sombra alguna de pecado.

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