Si en verdad existe la justicia divina, sobre la cual no hay apelación ni falsas condenas, imagino que debe estar basada en la idea de que todos somos uno: la víctima y el victimario, el árbol cortado y el leñador, los criminales y los santos, los de antes, los de después y los de ahora.
Si todos somos uno entonces el victimario no mata a su víctima sino a si mismo, el leñador no corta un árbol sino sus propias raíces, los santos lavan el pecado de los criminales y estos a su vez manchan la pureza de los castos.
Este sentido de justicia en la simetría perfecta de las acciones ocurre porque nuestras conciencias son incapaces de reconocer la totalidad y por tanto, no somos conscientes de nuestro justo vínculo. Así, el castigo del victimario sería el no saber que él mismo es la víctima y el castigo de la víctima es no saber que ella fue el victimario. De esta forma la solución no solo es justa sino óptima en su condena.
Tiene sentido entonces que se nos diga que amemos al prójimo como si fueramos el prójimo mismo y la metáfora planteada por la muerte de Jesús (la divinidad misma) a manos de sus criaturas sería también evidencia de esta justicia simétrica.
Nada excluye desde luego la necesidad de que al criminal se le castigue de acuerdo con las leyes terrenales porque ese castigo hace parte del perdón que el victimario le debe a la víctima, es decir, a si mismo.
Saturday, November 24, 2007
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1 comment:
Hermano, es cierto que el ser humano no es capaz de ver el conjunto como un todo. Comparto su idea de la justicia divina como castigo al hombre como un ente global, lo cual implicaria que no solamente la victima y el victimario estan unidos en este proceso, sino todos los seres humanos, al que observa y no dice nada, al que lo ha vivido, al que no le importa.
A la terrenal en ese sentido no la podremos lamar justicia, ya que normalmente nunca lo es...es mas un castigo.
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