A veces el tiempo nos viene en goticas: decantamos una a una hasta percibir su esencia más fina. En ocasiones, nos doblega en torrentes que superan toda medida y de los cuales, sólo con suerte, podemos librarnos. Hoy, escribo esto mientras lo escucho salpicar diligente la cubeta, ya medio llena, que lo recibe en su caída desde una grieta que él mismo ha abierto en el techo...
Copyright (c) Julio Cañón, 1997
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