Wednesday, January 9, 2008

La manzana de Newton

Es ya una tradición en las escuelas relatar la anécdota del jovén Isaac Newton quien descubre la ley de la gravitación universal luego de que una manzana le cae en la cabeza. Se cuenta por lo demás para ilustrar cómo un evento ordinario puede en ocasiones inspirar las ideas más revolucionarias. Sin embargo, no se le da todo el crédito al componente mítico y religioso de esta anécdota: bien es sabido que Newton era un hombre introspectivo, meticuloso e inquisitivo, que cultivó con rigor tanto el estudio de los textos bíblicos y la alquimia (a los cuales dedicó la mayor parte de su vida) como la naciente ciencia de la física experimental. Bajo esta óptica podemos imaginar entonces a Newton, cabalístico, amante de las metáforas, pensando: "Yo he hallado el árbol bíblico del conocimiento. Me he recostado a sus pies y he logrado que uno de sus frutos (v.g., la manzana) me despierte de la ignorancia." Así, el científico armonizaba su descubrimiento con la vertiente del pensamiento de los antiguos textos bíblicos. Una hazaña notable, aún para los tiempos que corren.

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