Friday, January 23, 2009

Aún queda llama

Hay cosas que sólo se ven en los ojos: la luz y la oscuridad, la sabiduría y la necedad, no permanecen ocultas para aquellos que saben ver más allá de las finas o rudas vestiduras de los hombres. No es suficiente con construir un complejo mundo alrededor, con la apariencia de la perfección, ya que los verdaderos valores carecen de hogar y protección si residen fuera del corazón.

Ayer, por ejemplo, un padre de familia extenuado por el trabajo de oficina y cuyo destino no se percibe más allá del cartapacio que se le ha asignado como distractor urgente para que se olvide de su propia vida y de su libertad, llegó a casa, abrazó con una sonrisa a su mujer, apagó el televisor y estuvo hora y media con su hijo de dos años jugando juegos carentes de sentido y de rutina en los que no se sabía cual de los dos era el más niño.

Luego de comer, charló con su hijo mayor, ya universitario, y le ayudó con la tarea de cálculo, tratando de redescubrir el significado de límites e integrales. Después, se acostó junto a su esposa, hicieron el amor y se abrazaron desnudos en cuerpo y alma hasta hoy, su día siguiente, cuando descubre satisfecho que la llama de sus ojos aún no se apaga.

Copyright (c) Julio Cañón, 1997

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