Ese día lo vi sonriente, como si todas las cosas que la vida le había deparado hasta entonces no tuvieran el impacto de otros tiempos; se perdió para siempre dos calles más arriba. No llevaba ningún destino.
Soy metamorfosis: cascarón que se quiebra, alas al viento, frágil equilibrio en la cuerda.
Soy el consuelo en el hombro, el murmullo al oido, la caricia discreta.
Soy un paseo de tarde, cuando el sol se acuesta, un baño de agua fría, un mundo de preguntas en busca de respuestas.
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