Thursday, March 5, 2009

Aforismos mentolados

Es una pena el destino de la humanidad. ¡Que bueno que no está en nuestras manos!
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Los pensamientos libres por lo general terminan sus días encadenados.
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La política es un arte al que solo le faltan buenos ejecutantes.
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El suicidio es la salida fácil a un sitio sin entradas.
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Los que creen en Dios usualmente desconfían de sus emisarios.
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La solución de los conflictos existe en la definición de sus paradojas.
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Los líderes que anhelan el cambio mueren jóvenes y los que llegan a viejos nada cambian: eterna disputa entre Parménides y Heráclito.
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Receta para evitar ruidos de fondo: Escríbase el contenido de cien volúmenes en un tomo; redúzcase el contenido del tomo a una página; condénsese el contenido de la página en un párrafo; exprésese el párrafo con una palabra; guardese la palabra en silencio.
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Salvo todo, el resto esta bien. (Rona)
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Un ateo vale más vivo que muerto.
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la tragedia del ahogado es saber que después de muerto flota...y bueno, esa también es la comedia del ahogado.
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El hacinamiento carcelario es un problema de producción en cadena.
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Las tertulias de tienda de barrio son cursos avanzados de ciencia política...e incontinencia etílica
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Del antes y el después:
Tres ingleses reunidos en un bar...una Sociedad Real
Tres americanos reunidos en un bar...una corporación internacional
Tres japoneses reunidos en un bar...un portafolio de servicios
Tres paisanos reunidos en un bar...la resaca.
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Los que no conocen la historia están condenados a repetirla...los que la conocen están condenados a saber que se repite.
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La vocación de enseñar es tan natural al espíritu humano como las ganas de aprender.
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El amor es la llave que da acceso a todas las puertas.
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El amor es al corazón como el humor es a la mente.
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En las dictaduras militares, el bien (del) General prima sobre el particular
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El mundo es un lugar muy general lleno de casos muy particulares

El mundo es un lugar muy general lleno de casos muy particulares

Saturday, January 24, 2009

Virus del lenguaje

Los virus del lenguaje son pequeños e insignificantes, como sus parientes biológicos. Inofensivos en los primeros estados de incubación, cobran pronto fuerza y se hacen presentes en los períodicos, artículos científicos, libros y revistas, apoderándose de las pobres mentes humanas, sus víctimas. Hoy las conocemos como siglas, o abreviaturas: moda barbárica iniciada por los anglosajones, como tantas otras formas simplificadoras de su imperial existencia. En apariencia nos brindan una manera cómoda de hablar en esta vida de agitación de las ciudades modernas, otro invento de los hilos de poder de las afamadas revoluciones industriales. Pero ¿A dónde conducen en realidad sus viciosas intensiones?¿Qué perverso y fatal interés se esconde detrás de ellos?

La ciencia ha descubierto que los virus están formados por cadenas de ácido ribonucléico. El virus del lenguaje llama a este importante descubrimiento ARN. Y es ésta la característica distintiva de sus émulos linguísticos: los virus del lenguaje explotan y atomizan a las palabras y reducen sus significados a simples juegos de letras.

Una vez en las conciencias, el virus se fortifica y trata por todos los medios de hacer que nuestro vocabulario se pueda acomodar a una receta simplificatoria. Comienza por buscar fórmulas en apariencia novedosas para nombrar las cosas. Por ejemplo, causa en la mente de algún burócrata que la palabra tugurio se convierta en unidad familiar de primer orden. Luego el virus potencia las primeras letras de cada palabra poniéndolas en mayúscula: Unidad Familiar de Primer Orden. Posteriormente, valiéndose de unos paréntesis, separa las primeras letras y las reune en una glosa pegajosa: (UFPO). Después se reproduce sin control dentro de los informes estatales hasta generar el resultado deseado: el ascenso del empleado creativo que logra que más de veinte millones de personas miserables ni siquiera puedan tener una palabra completa para nombrar su tragedia.

Aunque el virus es coetáneo del lenguaje humano, se manifiesta con mayor rigor en las comunidades burocratizadas en las que el papeleo se convierte en parte del modo de vida. De hecho el vocablo de origen latino abbreviatur para significar el acortamiento de las palabras, indica que ya en tiempos del imperio romano era una práctica frecuente. Pero es quizás en esta época, que va de los años sesentas hasta nuestros días, cuando la peste se ha desbordado. Liberado del dominio de los diccionarios y las enciclopedias donde la repetición puede justificar de alguna forma su uso, se desenvuelve sin vergüenza en la vida de diario.

Basta comparar el lenguaje de una persona mayor, con el de una adulta y otra adolecente, para verificar la dramática descomposición de vocablos en la que han contribuido de modo superlativo el demonio televisivo y la moda maligna de la información de actualidad.

Si nuestros abuelos sufrían una enfermedad, por ejemplo gripa, acudían a un doctor o galeno, y compraban en la botica o la farmacia las hierbas, drogas o jarabes que en infusiones permitían recomponer el estado de ánimo. Pero en los días que corren, como bien lo saben los sabios del norte, el impacto de los virus, tanto biológicos como lingüísticos, se hace evidente: si una persona es atacada por una IRA (Infección Respiratoria Aguda), debe acudir a la EPS o al ISS para que un MD le recete unas drogas que puede comprar en una CCF. Y cuando nos reponemos de la enfermedad, basta con decirle a los seres queridos que todo marcha OK.

Llegar a casa significa en muchos casos, prender la TV para ver el informe sin distinción, y en este caso por respeto a los lectores no hay que caer en la argucia antes citada de colocar entre paréntesis las iniciales, de la red vírica global de los incontables e insufribles RCN, CNN, PSN, MTV, ESPN, BBC, DW, RAI, MGM, NHK, FOX y un largo y virulento ETC de bien llamadas cadenas informativas. Si uno se cansa de eso puede poner en el VHS una película, luego prender el PC, poner un juego de vídeo en el CDROM o el DVD, entrar en la WEB, pasar por el WC e irse finalmente a la cama, un poco menos enriquecido de vocabulario.

El asunto preocupa si se tiene en cuenta que los amenazantes deseos de las burocracias modernas, que no son más que las charcas donde estos virus cobran fuerza, desde que se nace obligan en aras de la universalidad mal entendida a llevar un NUI para que se nos reconozca como seres que existen en la sociedad. Cuando se alcanza la supuesta mayoría de edad que permite decidir en libertad, recibimos la CC para votar ante el CNE por los candidatos hereditarios de la DNL, PCC, PSC y otras mezclas inoficiosas, a menos que se participe con animosidad inocente en una ONG igual de inoficiosa e increiblemente inútil. Los jóvenes desprovistos de incentivos gramaticales ya no quieren ingresar a las universidades en busca de la verdadera ciencia, sino darse un paseo por la U, y cuando se gradúan, depositan la confianza de su bienestar en las correspondientes EPS, ARP y AFP durante el resto de sus inocuas, muchas veces inicuas y por lo común burocráticas existencias. La vida productiva, que no debe confundirse con la hoy tan criticada vida reproductiva, debe llevar aparejado su NIT para que el estado pueda cobrar el IVA, y de esta forma nuestra contribución pueda ser tenida en cuenta dentro del PIB que es la medida de todas las cosas en el moderno olimpo del BM, el BID y el FMI.

El mundo entero, multicultural y diverso, ha sucumbido al influjo de los reduccionistas con su promulgada aldea global: las potencias modernas UK, EUA y la tan esperada UE, que cambió el florido linaje de las monedas europeas por el único y simplificado poder adquisitivo del EURO, dominan hoy el comercio y la economía. La virulenta amalgama de naciones reunidas no pudo encontrar un mote más apropiado que el de ONU, para simplificar sus ya limitados alcances.

También hemos hipotecado nuestros miedos ante esta epidemia: a los niños de hoy ya no los asustan los duendes, el coco o los fantasmas, sino las sangrientas tomas de las FARC, AUC, ELN, EPL y demás agentes virulentos letales, como el SIDA, el moderno coco del goce desenfrenado. Y si creemos que de la muerte tenemos escapatoria, basta recordar el último adiós que en el avanzado estado de modorra lingüística que nos caracteriza, resume con sabiduría moderna el peso específico de nuestro paso por este mundo cuando reza apocalíptico: QEPD.

Cuando la sal se corrompe...El arte de amar, eterno motivo incitante de la poesía y prosa universal, hoy se reduce para muchos jóvenes a la fórmula viral TQM. Ante esta reducción, en verdad sobran las palabras.

Si se piensa que en el ejercicio está la salvación que retorna el ánimo a la vieja máxima mente sana en cuerpo sano entonces bastará ver cómo el ímpetu industrial de la simplificación se ha apoderado de las mafias deportivas prácticamente desde sus comienzos: FIFA, UEFA, NFLA, NBA, COI, son sólo algunos de sus exponentes.

La literatura se ha resistido con valentía a este yugo infeccioso, ofreciendo oasis semánticos en medio del virulento desierto abecedario. Pero cabe preguntar cuánto tiempo pasará antes de que estos maliciosos virus infecten también este reducto del idioma. Los ingleses ya están familiarizados con sus cuentos de ciencia ficción llenos de maravillas tecnológicas que ameritan su correspondiente abreviatura. Pero nada obliga a un malpensante a seguirlos por fuerza en esa desmadrada tentativa.

Hay que ofrecer resistencia verbal permanente para evitar que la conciencia sucumba de forma lenta pero inexorable a la tentación de las letras por palabras. Atacar de raíz los virus que causan el retroceso del ya de por sí macilento y adormecido pensamiento humano. Es imperativo que no se asocie la tecnología y el progreso con estas maléficas reducciones al absurdo. Como ejercicio de buenos malpensantes es necesario extraer todo el sabor y el contenido de las palabras, una y otra vez, así la repetición las haga aparecer insoportables. Los ancestros humanos sabían que en la repetición se esconde la virtud mágica de las palabras que otorga poder a las cosas y es ese poder el que persiguen los virus del lenguaje con avidez.

La tarea consiste pues en hacer uso de sinónimos, antónimos, metáforas, hipérboles y cualquier otro recurso linguístico inventado o por inventar, definido o por definir, para que ni el espíritu, ni el intelecto humano se amodorren, acobarden o se dejen intimidar por las superpotencias que los quieren someter y esclavizar, aquí y en todas las naciones, para convertir a las personas en organismos mansos y distantes, como si fuesen ganado que se ceba para alimentar la inútil y perversa opinión general que no conduce a nada. Carpe Diem.

Julio Canon, copyright 2002

Fugas

Lánciles gotas suicidas aún no terminan su caída y entre el sonido del viento sordo y el aroma del pasto siempre verde, yace ahora eternamente el cuerpo de un hombre al que se le quebró prematuramente el tiempo.

Copyright (c) Julio Cañón, 1997


Un hombre, protegido por la lluvia helada de una ciudad indiferente, ha cruzado los umbrales de un callejón sin salida. Sabe que es su última noche verdadera. Morirá sin testigos ni testamento, vencido por una cruel pulmonía. Nadie indagará sobre su origen, ni cavilará sobre su destino. Sin embargo, en la inmensidad del gran cuento inaprensible, habrá tenido la oportunidad de ser también un fragmento.

Copyright (c) Julio Cañón, 1997


Un valor extraño

Un valor extraño de la vida: no el del que arremete su humanidad contra fieros ejércitos sabiéndose desprotegido, sino el del que, sabiéndose armado y poderoso, sucumbe ante la imagen de infortunio que encarna el llanto de la pequeña niña, abandonada en la esquina del cuento.

Copyright (c) Julio Cañón, 1997


En el desierto

En su cuarta aparición le propuso convertirse en el seguidor más fiel si le demostraba su verdadero poder. «No he venido a convencerte a ti, que eres mi demonio», le respondió, «He venido a convencer a los hombres del demonio que cada uno lleva adentro». Luego, tomó su camino hacia las ciudades.

Copyright (c) Julio Cañón, 1997


Dosis de tiempo

A veces el tiempo nos viene en goticas: decantamos una a una hasta percibir su esencia más fina. En ocasiones, nos doblega en torrentes que superan toda medida y de los cuales, sólo con suerte, podemos librarnos. Hoy, escribo esto mientras lo escucho salpicar diligente la cubeta, ya medio llena, que lo recibe en su caída desde una grieta que él mismo ha abierto en el techo...

Copyright (c) Julio Cañón, 1997